Empty words

¿Desde cuando la cama se siente más grande de lo que es?
Aquí me ves, acostada al lado de un cuerpo vacio.
Un cuerpo que no dice mucho, que solo te regala insguridades; un cuerpo perfecto pero sin valor; un cuerpo que es humo; un cuerpo que no es de nadie, o tal vez, de todos.
Insomnio: aquí me ves.
Escucha mi mente, obscura y llena de dudas.
Siente el miedo que levanta esta piel escasa de amor.
Mira mis párpados agonizando por un simple descanso.
Toca mis manos, esas que ves temblando sin fin.
Siente ese frío que recorre mis piernas.
Mi mente resuena una y otra vez: empty words empty words empty words empty words…
Cuidame, no me sueltes, dame una señal de que todo estará bien.
El amor no es tan malo como parece… ¿no?
Y si…… No

Dejame soñar, al menos por un rato, dejame creer que me quieren como yo, dejame imaginar que alguien me cuida, que soy única para alguien.

No sé…..

Dame algo, un poco de amor, un abrazo, una mirada, una caricia…..un poco de esperanza.

Te quiero, si me quieres demuestralo, hazme saber de alguna forma que no me quieres perder.
Te quiero, creo que esto puede funcionar..

BASTA

empty words empty words empty words.

Basta de escribir, ya es muy tarde, tengo que trabajar, tengo que estudiar, tengo que hacer algo. ¿por dónde empiezo?

Apago el telefono, cierro los ojos, abrazo este cuerpo vacio que me acompaña……
Palabras vacias acompañan momentos vacíos.

Buenas noches.

Las Relaciones En 2015: 19 Días Y 500 Noches

Hoy leí un post que escribió una mujer cuyo nombre es: Ana Gimenez
Lo queria compartir con ustedes, ya que comparto cada palabra que expresa… Espero que les guste, tanto como a mi.

«…Tenían razón,
mis amantes
en eso de que, antes,
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez,
yo quería quererla querer
y ella no…

Diecinueve días y quinientas noches le costaba a Sabina aprender a olvidar el amor. Casi 17 años después, diecinueve días y quinientas noches es la media de lo que suele durar una relación. A veces pienso que, hoy en día, casi puedes ver antes a alguien en pelotas que bien vestido y arregladito para una cena romántica; no tengo nada en contra de esto, pero resulta bastante curioso cómo ha cambiado el cuento.

Ahora, nadie quiere enamorarse de quien se enamora de ti, parece que la reciprocidad asusta. En cambio, como se atreva a dudar sobre si tú le gustas o no, ya te tienen; y ojo, que por esa regla de tres, te dejan con un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo. Es el eterno pez que se muerde la cola y cuyo resultado es un mundo lleno de perros del hortelano que ni comen ni dejan comer.

En 2015, ni rosas, ni velas, ni poemas de amor, como mucho un WhatsApp en alguna de esas quinientas noches y a veces gracias a tu gran amigo, el chupito de Jägger de las cuatro de la mañana, que hace que te entre la morriña. Pero ojo, nunca un “te quiero” por escrito, que casi que asusta más que de palabra, primero porque puedes verlo y segundo porque si no lo borras lo puedes sentir cada vez que lo lees. Ahora se lleva el “me apeteces” o “tengo ganas de ti”, que parece que llevan implícito menos compromiso sentimental.

En 2015, ni los treinta son los nuevos veinte ni los cuarenta son los nuevos treinta; al final parece que estemos en uno de esos libros de “elige tu propia aventura” en los que vas saltando de página en página en función de lo que prefieres vivir. Ahora, la edad está en la cabeza, no a las espaldas, y cada uno se configura la vida y le da la bienvenida al amor cuando mejor le conviene, porque lo que sí está claro es que ya no hay patrón.

Hoy parece más fácil romper relaciones que empezarlas, y parecemos más valientes por no temer la soledad, cuando lo que realmente somos es más cobardes por asustarnos al pensar si la compañía será la adecuada, la perfecta o la definitiva; y mientras, la vida pasa: ¿no te da la sensación de que parece que estemos siempre esperando algo? Es como si tuviéramos miedo de quedarnos quietos y dejarnos llevar.

“…Tanto la olvidé
que tardé en aprender a quererla
diecinueve días y quinientas noches…”.

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El amor no duele

Se supone que cuando uno elige a una persona para compartir nuestra vida es para eso mismo, COMPARTIRLA, no entregarla.
Nosotros, somos de nosotros mismos, nuestra esencia es nuestra, y no tenemos por qué entregarla para que la manejen.
Cuando estamos con alguien buscamos encontrar ese camino paralelo en el que van hacia el mismo lado, pero asi mismo; cada cual en el suyo.
Ninguno de nosotros merecemos cambiar, al menos si ese cambio no es para hacernos sentir bien y mejorar con nosotros mismos… Nadie se merece cambiar por conveniencia del otro, o para sentir que de esa forma podríamos retener a alguien a nuestro lado. Claro que a veces hay ciertos hábitos que necesitamos reformarlos (por decirlo de alguna manera) para poder llevarnos mejor con el prójimo, pero siempre y cuando, sea consensuado con respeto y sobre todo… TOLERANCIA.
Muchas veces nos juega en contra la falta de paciencia, ya que no todas las personas son iguales y cada cual se va transformando a su tiempo, no al que nosotros quisieramos que fuese.
Amar no tiene por qué doler, si una persona quiere estar a tu lado va a buscar todas las formas posibles para demostrar su lealtad, su compromiso y sobre todo su amor.
La manipulación no es sinónimo de amor; la violencia ya sea física o psicológica tampoco lo es. Tenemos que empezar a aprender de una buena vez por todas que el amor nace de un mismo sentimiento y crece de dos personas.
Tenemos que aprender que si nosotros no nos queremos…
¿Quién mas lo va a hacer?